28 de enero de 2010

Serrat: Hijo de la luz y de la sombra


Joan Manuel Serrat escribe una carta a la afición, que se publicó el lunes 25 de enero en su página web oficial, anunciando la aparición de Hijo de la luz y de la sombra, con canciones de Miguel Hernández.

"Queridos desconocidos en general y sin embargo amigos la mayoría:


El 23 de Febrero aparece mi último trabajo discográfico: “Hijo de la luz y de la sombra”. Un puñado de canciones sobre poemas de Miguel Hernández. Una prolongación del disco que apareció en 1972 y también un complemento.
Trece nuevas canciones componen esta entrega. Un amplio recorrido por la obra de Miguel Hernández que incluye desde poemas de juventud como “La palmera levantina” hasta versos de “Hijo de la luz y de la sombra”, el más hondo y ambicioso de sus poemas, probablemente su obra maestra cuya lectura recomiendo de manera especial.
¿Por qué vuelvo a escarbar de nuevo en la obra de Miguel Hernández…?
Fundamentalmente por dos razones. Una, porque este año se cumple el Centenario del nacimiento del poeta y, como viejo amigo que soy, me sentía en la obligación de celebrarlo desde los escenarios. La gente me lo iba a pedir. La gente ama al poeta y, como yo, no dejaría pasar la onomástica sin recordarla.
En principio, la idea buscaba apenas refrescar el viejo repertorio con un par de nuevas canciones así que, sin grandes expectativas, volví a bucear en su poesía pero a medida que los viejos versos me devolvían nuevas emociones y las ideas se iban materializando en canciones fue creciendo mi entusiasmo hasta que finalmente, a la vista de la bondad del material resultante, aposté decididamente por este trabajo que ahora presento. Una nueva entrega de sus versos listos para cantar.
La otra razón que me ha empujado a volver sobre la obra de Miquel Hernández, la más importante y la que me convenció del interés y validez del proyecto es la intemporalidad de su poesía, la vigencia de sus versos más allá del lugar y el tiempo en que vieron la luz, más allá del contexto en que nacieron, versos que siguen sonando tan sólidos y frescos como si hubieran sido escritos ayer y aquí.
Ha sido fundamental haber contado con magníficos colaboradores para llevar el proyecto a buen puerto. A todos ellos mi gratitud, desde la capitanía de Joan Albert Amargós en la preparación de las canciones, los arreglos y la dirección musical hasta la paciencia y el trabajo de Raúl Cuevas en la grabación y de José Luis Crespo en las mezclas. Ellos son una muestra de la larga lista de amigos y colaboradores que han hecho posible este “Hijo de la luz y de la sombra” .
Me gustaría que este trabajo ayudase a acercar al público la poesía de Miguel Hernández, a mi entender uno de nuestros poetas contemporáneos fundamentales, y que la gente, más allá de las canciones, encuentre en los libros el alma del poeta.
La fecha de aparición de este trabajo es producto del azar aunque confieso que no me parece mal la coincidencia. Al fin y al cabo, visto desde la distancia, el 23 de Febrero de 1981 fue el día en que el franquismo perdió su última batalla y nada mejor que celebrarlo con vosotros descorchando este manojo de canciones que, con versos del poeta de Orihuela, he preparado en la esperanza de que os conmuevan como a mí.


Joan Manuel Serrat"

(Ver carta) 
La foto está tomada de aquí

27 de enero de 2010

En los caminos del rapsoda: Miguel Hernández



-Por Luis Felipe Alegre-
Mediaba el curso 70-71 cuando entró en el colegio una nueva profesora de dibujo. Un día nos dijo que iba a leernos unas poesías de, entre otros, un tal Miguel Hernández. Una me conmocionó; se titulaba “Los cobardes” y las punzadas de sus versos me llevaron a buscar sus libros por bibliotecas y librerías. Pude comprar El rayo que no cesa, que iba seguido de El silbo vulnerado, editados por Cosío en Austral. En una biblioteca de barrio, pude encontrar, ¡oh, sorpresa!, la antología de Losada con “Los cobardes” y otros poemas furibundos.
Ya de muy niño había demostrado mi capacidad para memorizar versos, de Manrique o de Santos Chocano; me gustaba aprender poesía. Ahora, en mi adolescencia se despertó la necesidad de gritarla al mundo. Durante tres años me apliqué a ello por parroquias y sótanos, teniendo como público fijo a mis compañeros y profesores de Bachillerato. Con Hernández, se alternaban los recitales de Machado, Lorca, León Felipe, Neruda, Nicolás Guillén, Blas de Otero… Me acompañaban en la aventura músicos y colegas de la Escuela de Teatro. En 1973 le pusimos nombre al grupo: El silbo vulnerado, igual que el libro de Miguel. Éramos, pues, un grupo impreciso de actores que recitaban y músicos que acompañaban, acaso con alguien que cantaba o pintaba, al que yo daba continuidad.
Llegó a mis manos una cinta de casete que el Frap utilizaba para captar adeptos. Allí estaba la voz de Miguel Hernández recitando su “Canción del esposo soldado”, y yo, que no me identificaba ni con el rol de esposo ni con el de futuro padre, valoré el documento por quien hablaba e ignoré todo lo demás. Más me impactó un párrafo de su “Prólogo al teatro de guerra”, que figuraba en el programa de mano de la obra teatral Sócrates, de Llovet-Marsillach. Decía: “Hay que sepultar las ruinas del obsceno y mentiroso teatro de la burguesía, de todas las burguesías y comodidades del alma, que todavía andan moviendo polvo y ruido en nuestro pueblo. ¡Fuera de aquí, de los ojos y de las orejas de aquí, aquellos espectáculos que no sirven para otra cosa que para mover la lujuria, dormir el entendimiento y tapiar el corazón reluciente de los españoles!”; argumentos que pasé a aplicar en mi particular guerra contra los declamadores mayores (jóvenes no había), a los que yo reprochaba su repertorio gabrielgalenesco y su limitación expresiva. Queriendo romper con eso, yo comenzaba los recitales entre el público, hacía guiños sospechosos y gritaba enfáticamente desde el machadiano “Mañana efímero” hasta “La mujer con alcuza” de Dámaso Alonso, pasando, claro está, por los sonetos más enfatizables de Hernández que se colaban entre los poemas de Viento del pueblo.
En 1976 se cumplían 40 años del inicio de la Guerra Civil y del asesinato de Lorca y habíamos montado García Lorca, 40 años ausente. Pero ese año, alguien decidió que la punta de lanza para reivindicar Democracia había de ser Miguel Hernández. Y hubo que ponerse a ello. Ese año pudimos contar ya con la ayuda de nuevos estudios, el de Francisco Umbral; el de Sánchez Vidal; o la introducción a la Obra poética completa, de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia.
Lorca se quedaría en el estreno y nos concentramos en un Miguel Hernández más sencillo, con un gran cuadro como escenografía, tres voces, una guitarra y unas lucecitas. La selección de poemas era más abierta, incluía ya poemas como “Me sobra el corazón” y algunos de El hombre acecha y del Cancionero y romancero de ausencias. ¡Ah! y solo gritábamos un poco en los de Viento del pueblo. Intentamos participar en los actos del homenaje, en Orihuela y otros lugares, pero no se nos consideró relevantes. Ni que decir tiene de los dedicados a Lorca y Machado. Afortunadamente, había un hervidero de homenajes y a algunos escenarios nos pudimos subir.
Una función especial para el recuerdo tuvo lugar en Jaca. Estaba organizada por gente de la “plata-junta”. El acto debía celebrarse en el salón de actos del Instituto, que se usaba para las actividades de la Universidad de Zaragoza, dentro de sus Cursos de veranos para extranjeros. Como esos días tocaba Pilar Bayona, el escenario estaba ocupado por un hermoso piano de cola. Nos disponíamos a arrinconarlo cuando apareció la pianista dispuesta a ensayar. Tras aclarar el malentendido, Pilar se sentó a practicar y nosotros nos ocupamos de colgar el cuadro y empalmar las candilejas en el proscenio.
Aunque nos mirábamos de soslayo, todo iba bien hasta que se desencadenó la tormenta: la virtuosa, molesta con una mosca que la incordiaba, atacó “El vuelo del moscardón”. El súbito cambio de Albéniz a Rimsky Korsakov sorprendió al que colgaba el cuadro subido a una escalera y su martillo cayó sonoramente al suelo en el momento en que yo, armado con el guión del recital, acorralaba al insecto que se escondía entre las cuerdas. Asustado, y con medio cuerpo en la caja del instrumento, me incorporé nervioso, soltando el apoyo de la tapa del piano que cayó sobre mi cabeza. Pilar gritó, la escalera se tambaleó, el cuadro dio en el suelo, y una colección de chispas anunció el cortocircuito que nos dejaría a oscuras. Evacuamos el teatro a la luz de un mechero. Ya en el exterior, Pilar nos dijo: “Esto han sido rayos de Miguel”. Reímos, cambiamos el fusible, volvimos a nuestros puestos y, un rato practicando y otro hablando, Pilar nos contó de su trato, leve, con Miguel Hernández. También de Federico y de la hermandad que sentía por otros compañeros de la Residencia de Estudiantes en aquellos años 30. A una cuestión que le comenté, dijo tajante: “Delante de mí nunca se habló de política. Además, yo no lo hubiese consentido”. No me extrañó, pues, que, después de nuestro recital, Pilar Bayona solo felicitara a Francisco J. Gil, que era el guitarrista.
Que el nombre del Grupo remita de inmediato a Miguel Hernández ha sido una bendición en el trato con escritores que lo conocieron y trataron, pues a varios les he oído recuerdos emocionados sin preguntarles nada. Juan Gil Albert, que nació también en 1910, me habló de la “camaradería” que le unía a Miguel. Rafael Alberti me dijo que, inexcusablemente, siempre decía “Vientos del pueblo” en sus recitales. Leopoldo de Luis me dedicó sus poemas con una cita de Miguel. Y Don José Bergamín, al nombrarle El silbo vulnerado, se levantó del sillón y se quedó mirando hacia la ventana de su buhardilla pero sin mirar la ventana, ni la plaza de Oriente, ni nada, como extasiado. Yo, queriendo bucear en el cuelgue que había pillado el maestro, recite, con los ojos cerrados, religiosa y rápidamente el soneto “Como el toro he nacido para el luto y el dolor…” y no sé qué cara pondría don José, porque yo no osé abrir los ojos. Esa tarde el anciano (esto sería el año 79) ya no habló de otra cosa más que de toros.
Como supongo será normal, en un proceso de trabajo sobre un personaje, se produce un intercambio de vicios, virtudes, gestos, modos de hablar, inquietudes, certezas, afectos, distanciamientos, etc., que si dura mucho tiempo puede saturar. En los 80, dejar a Miguel Hernández en segundo plano del repertorio tuvo que ver con un proceso personal y también con un abandono de ciertas inquietudes por parte del público, como se vio en el eclipse de la vieja guardia de cantautores. Así que seguimos nuestro camino, con Jorge Manrique, con Quevedo, con la poesía hispanohebrea, con Rosendo Tello, con Sender, con Cervantes, con Gelman, con Gil de Biedma, con Borges, con… Pero cada tanto, el retorno a Miguel Hernández: el 88 en Guinea Ecuatorial, con Jesucristo Riquelme, en los colegios de Malabo y Bata; en el 91, con Carlos Barbachano y viejos combatientes del 5º Regimiento, lo homenajeamos en la UNEAC de La Habana. Etc. La portada de El silbo vulnerado: un sueño de juglares, que sobre los primeros 20 años del Grupo escribió Antón Castro, mostraba un limón dentro de una jaula.
Hemos justificado la enseña de Miguel Hernández, en los días claros y en los oscuros. Goyo Maestro convirtió El silbo vulnerado en una canción maravillosa y todos estos años la hemos cantado cuando han coincidido las cuerdas de Goyo con la voz de Carmen Orte. Yo he recitado regularmente su poesía amorosa. Nuestra aportación como difusores del poeta ha sido, obviamente, insignificante en comparación con los millones de oyentes a los que llega Serrat, que fue quien lo entronizó en la calle, en todas las calles.
Siempre he sentido cierta carga de responsabilidad por usar como identificación de nuestro mester la referencia hernandiana de El silbo vulnerado. Mas cumplimos nuestra misión diaria, que es difundir la poesía en cualquier rincón donde se hable nuestro idioma. No ha sido cosa de una fiebre pasajera, como no lo fue la voluntad de Miguel por ser poeta y dramaturgo.
Ya hace tiempo que me di cuenta de que, salvando las distancias tecnológicas, todo lo que pueda hacer yo en un escenario ya lo hicieron otros y, seguramente, con más oficio y mérito, como los declamadores mayores que yo conocí e ignoré de joven, el último eslabón. Seguramente lo hizo todo Miguel Hernández, actor en los teatros de Orihuela y rapsoda de versos propios y ajenos. Pienso hoy en dos altos ejemplos de rapsodas: el español Pío Fernández Cueto y el cubano Luis Carbonel, transmisores diarios de poesía en cualquier tipo de escenario. Parece extraño que nadie los recuerde cuando hace balance de los intérpretes de poesía. Su altura está nivel de calle, no son flor de un día, ni un intento mediático para gozar de popularidad en el barrio. Su trabajo, como el del bululú José María Vilches en Argentina, es recordado por los que sintieron la poesía y la cercanía del intérprete. Viajando por el mundo he conocido mucha gente que se emociona con su evocación y he llenado muchos cuadernos con los repertorios y detalles que devotos oyentes recordaban de aquellos.

Hoy se cuestionan muchas cosas del pasado y del presente. Así se impone la idea de que no debiera interesarnos la poesía pretérita porque el rap o la polipoesía son las formas modernas y juveniles de expresión poética popular. Y piensan algunos nuestra Historia no debería remontarse más allá de los años yeyés. Piensan que saber dónde está el cadáver de Lorca es algo que no le interesa a nadie.
Criminales culturales han cerrado estos años las puertas de la poesía a los jóvenes. ¿Tanto creen que han cambiado los sentimientos de los adolescentes, su curiosidad, su capacidad para disfrutar una metáfora? Dios los perdone. Y, en cuanto a la evocación de aquella guerra que nosotros no vivimos creo que será constructiva si, como dijo Manuel Azaña, el recuerdo sirve para no repetir el error. Por otro lado, a nosotros no nos queda más remedio que cumplir nuestro destino: revivir el pasado con nuestro silbo. Se lee en La Odisea, que los dioses urdieron las guerras para que las generaciones posteriores tuvieran un asunto que cantar. Yo no pienso llevarle la contraria a Homero. Y espero que muchas generaciones sigan cantando (contando, recreando, discutiendo) aquella guerra en la que, entre todos los demás, luchó Hernández. Porque si la siguen cantando será señal de que fue la última.


18 de enero de 2010

Fundación Cultural Miguel Hernández


Por su gran interés, enlazamos el blog de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela que se presenta con estas palabras: "Creado por alumnos-trabajadores que llevan a cabo la actualización y mantenimiento de la web de la Fundación Cultural Miguel Hernández www.miguelhernandezvirtual.com, con especial atención a la celebración del Centenario del nacimiento del poeta, así como la confección de la revista digital El Eco Hernandiano". Además del blog mantienen la web de la Fundación y una importante revista, El Eco Hernandiano, que lleva editándose desde 2003.

Circunvalación, de Luis Arizaleta, por Ignacio Sanz

Ignacio Sanz comenta aquí Circunvalación. Una mirada a la educación literaria, de Luis Arizaleta. Un libro de experiencias en torno a la lectura. El artículo está publicado en el blog La tormenta en un vaso.



Por Ignacio Sanz
La lectura es una profesión especializada en estos tiempos en los que la presión comercial y el márquetin tratan de llevar a los potenciales lectores por un camino que necesariamente ha de pasar por la caja registradora. El autor de este libro ha hecho de la lectura su modo de vida. Y se nota. Para empezar, lleva más de quince años al frente de una empresa, FIRA, que tiene como objetivo fundamental el asesoramiento de lecturas. El equipo lo forman cinco personas, tres socios y dos empleados. ¿Quién podría imaginar algo semejante hace unos años? Una empresa de cinco personas cuyo objetivo esencial es recomendar libros. Casi nada. Claro que la empresa tiene su asiento en Pamplona y ejerce su actividad en Navarra, tanto en Pamplona como en los pueblos más grandes que la circundan, así como en alguno de la próspera Ribera del Ebro. La existencia de esta empresa es un indicio, me parece, de la calidad de vida de los habitantes de esta comunidad. Su actividad se centra, sobre todo, en la comunidad educativa, pues la empresa presta servicios fundamentalmente a los ayuntamientos y a los centros educativos, no sólo sugiriendo lecturas, sino acercando a los autores de los libros o a los grandes narradores orales españoles e hispanoamericanos (Carolina Rueda, Campanari, Pablo Albo, Pep Bruno, Susi Lillo, Luis Felipe Alegre...) para que las historias que cuentan terminen por ser una invitación velada para entrar en los libros.
(seguir leyendo).

12 de enero de 2010

Eduardo Haro Tecglen sobre Miguel Hernández

Traemos aquí este artículo escrito por Eduardo Haro Tecglen (1924-2005) sobre Miguel Hernández. Está tomado de la página en que su familia intenta reunir todos los escritos del periodista. Tarea ingente porque se calculan en decenas de miles. El escaneo de los artículos provoca desajustes en el texto. Éste lo hemos ajustado nosotros -acentos y  signos de puntuación-  para facilitar su lectura aquí. No nos atrevemos a tocar imprecisiones que el lector podrá descubrir y señalar. Obviamente, el aniversario al que se refiere el escritor no es el que este año celebramos. A falta de datación, podemos aventurar que fue publicado en 1992, cincuentenario del fallecimiento de Miguel Hernández.



 

Sobre Miguel Hernández, Poeta y soldado

Hasta diez años después de su muerte no se habló públicamente en España de Miguel Hernández: rompió el telón un modoso librito de Juan Guerrero Zamora --anticipo de otro mayor--, editado por Fernández Figueroa en "Cuadernos de Política y Literatura". Era un poeta clandestino.
No se le podía citar. A veces pienso que estos silencios, estos destierros de la letra, fueron un gran acierto del régimen para sí mismo: todo lo que hacía pareció idiota y cobarde, y sin embargo duró cuarenta años: no puede ser una coincidencia. Como no puede ser casual la depauperación lectora, la ignorancia colectiva, en la que vivimos. Como las muertes y los encarcelamientos, como el de Miguel Hernández, no fueron errores sino política.
Hace unos días en no sé que emisora oída de noche, y entre no sé que interlocutores ilustres, oí una conversación. Uno se quejaba de la prisión de Miguel, y el otro justificaba: "Hay que tener en cuenta que fue comisario político". Y el que parecía más justo, replicó: "Sí, pero solo de Compañía". Solo un poco de comisario político: un poco de comunista... Cárcel, muerte en el abandono, silencio, bachilleres y universitarios que ignoraron su nombre, solo porque fue "un poco" comunista. Si lo hubiese sido mucho, parecería lógico.
Hay mucho interés, siempre, en robar a estos personajes su esencia. Como se dice que Calderón fue feminista y combatió el delito de honor; como se dijo que Lorca --todavía cunde la idea-- no tenía ningún interés por la política. Miguel Hernández fue hombre del histórico V Regimiento, con el que trabajó en fortificaciones de primera línea; luego estuvo en Infantería, comisario político en el Batallón de "El Campesino", que se distinguía por su afición al mismo frente de combate; y luego fue Comisario de Cultura en la 1 Brigada Móvil, de donde paso al Altavoz del Frente, misión cultural que reflejaba para la retaguardia la vida del combatiente. Una vida de guerra. Y de poeta. Escribía en la publicación del V Regimiento, en Al ataque, periódico de milicianos; y en la guerra misma escribió Viento del pueblo, que se publicó en 1937, en Valencia, editado por el Socorro Rojo Internacional para ayudar a las víctimas del fascismo. Se lo dedicó a Vicente Aleixandre que, con perdón, también parecía rojo; le nombró, como se nombró él mismo, heredero de los poetas muertos en la guerra: "cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido". Hablaba de García Lorca. "Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un importante modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo". No cesa de esperar. Aleixandre le contestó ya después de muerto, pasados cinco años: "No le toquéis. No podríais. Él supo - sólo él supo. Hombre tú, sólo tú, padre todo de - dolor. Carne sólo para el amor. Vida sólo - por amor".
Releyéndole ahora, al calor del aniversario, se encuentra toda esta vida de amor, en la que se encontraba no sólo el de la mujer y el hijo, sino un amor por las ideas que encarnaba en lo que entonces se llamaba el pueblo, en personajes vivos; por la ideología, aunque la palabra sea horrible, en el sentido de la construcción interna de un sistema de valores, de un concepto del mundo, de un sentido por el que va ese viento de la historia. Hoy ese tipo de ciudadanos apenas existen, o son residuales. Me niego a aceptar la idea corriente de que esta fuga del ideal sea un valor negativo, desde un punto de vista filosófico: puede ser valioso abandonar la idea de que las verdades son definitivas o eternas, la comprensión de que hay que tener una maleabilidad plástica para vivir dentro de la innovación cotidiana y la inteligencia de aceptar que la vida no tiene ningún sentido. Lo cual no debe signifcar una renuncia a vivir y una necesidad de especie que es la sociedad, en la cual entre el respeto por los demás. Un día podría suceder que este hombre dúctil y móvil pueda crear, sobre esta base, una ética.
Miguel Hernández no pudo ni imaginar que una sociedad así pudiera producirse: ni siquiera por la derrota. Es curioso pensar que, a pesar de la dureza de los poemas de guerra, de sus calificaciones del enemigo --"con voluntad de carnicero"-- y del fusil en su mano y la pistola en el cinto, aún creyó que aquellos a quienes combatia eran mejores de lo que en realidad eran. Porque creía en el ser humano, de una manera que hoy puede parecer disparatada. No huyó cuando pudo hacerlo, no creyó que pudiera ser juzgado y condenado; admitió las mentira de guerra de que no sufrirían quienes "no tuvieran las manos manchadas de sangre". Les pasó a muchos: algunos murieron en la cárcel, otros fueron fusilados directamente; algunos otros sobrevivieron como muertos. Debía empezar por entonces el fin de las ideologías: por lo menos, así lo proclamaron algunos de los que vencieron y creyeron que montaban un espacio del mundo aislado y propio.
Así, Miguel Hernández, fue aprisionado y se le dejó morir, joven, en la cárcel. Y en el silencio. El régimen sabía lo que hacía: cerró las fronteras del entendimiento y de la lección a los poetas, a los ensayistas, a los hombres de inteligencia y ciencia, y sobrevivió. Aún hoy día Miguel Hernández es como el último, como el farolillo rojo, de un tiempo espléndido; un marginal de la generación del 27 a la que se han dedicado todos los elogios --tan justos: y aún parecen escasos para aquel, estallido literario de la república--, como demasiado ingenuo, joven, infantil. Cuando se empezaron a abrir los murmullos de que habia vivido y escrito un poeta que fue pastor, aún se le regateaba quien era: "un librito insignificante", escribió de esa obra maestra Juan Guerrero Zamora: mala suerte, también, que fuera a romperse de esa manera el silencio que tapó su obra y su vida. Y ahora se le discute que fuera profundamente comunista, que fuera popular, y combatiente. Que pudores mas raros para nuestros tiempos de historia.


Por Eduardo Haro Tecglen


La foto está tomada de aquí

5 de enero de 2010

Nueva web para Miguel Hernández


Una buena y hermosa noticia nos llega de Orihuela. Un nutrido grupo de ciudadanos inquietos ha creado una revista digital dedicada a "tomar parte activa en la conmemoración del Centenario de Miguel Hernández en el 2010 y contribuir a que Orihuela sea un auténtico hervidero cultural".

Sergio Aschero: recuerdo de Los Juglares

En Rayo, Viento y Ausencia, recital con poemas de Miguel Hernández interpretados por El Silbo Vulnerado, se toma como último motivo musical la melodía de "Sepultura de la imaginación" que compuso hace mucho Sergio Aschero. Aschero, compositor y musicólogo argentino, recorrió la España de los años 70 junto a la cantante gallega Ángeles Ruibal. El dúo se llamaba Los Juglares y cantaba lo más granado de la poesía latinoamericana. 

Muchas de las canciones escritas por Sergio Aschero fueron populares en la voz de otros intérpretes; así, "Vientos del pueblo" sonaba en las sinfonolas cantado por Los Lobos, Nicolás Guillén por Ana Belén, etc. En directo, el repertorio de Los Juglares era de largo y alto recorrido. Podían comenzar con el soneto cervantino "Diálogo de Babieca y Rocinante" y concluir con "Longa noite de pedra" de Celso Emilio Ferreiro. Sus juegos de voces eran brillantes y de tal poderío que rara vez usaban micrófono.


Foto de Guillermo Barragán. 

En este blog se pueden ver los recientes trabajos realizados por Sergio Aschero.

Traemos ahora aquí su recuerdo con esta entrevista en El País del año 1977, cuando apareció su disco con poemas de Miguel Hernández.

4 de enero de 2010

Familiares de Miguel Hernández piden que "no se utilice su recuerdo oportunistamente"

El diario El País recogía en la edición del pasado 29 de diciembre esta noticia:

Un libro de homenaje al poeta oriolano que arremete contra Zapatero, Carrillo y Gallardón, levanta la polémica 

Familiares de Miguel Hernández y la sociedad Centenario Miguel Hernández S.L. han pedido que se elimine la referencia de homenaje al poeta del libro escrito por el oriolano Miguel Barcala, en la que se insulta al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al considerarlo se trata de una "utilización oportunista", según han indicado hoy en un comunicado.

El libro El Canto del Cisne de un Poeta, en homenaje a Miguel Hernández, del autor oriolano afincado en Madrid Miguel Barcala arremete contra el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, contra Santiago Carrillo y contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, y por el contrario alaba a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, recordaron.
Esta obra fue presentada ayer en una sala del Ayuntamiento de Orihuela (Alicante), quien se desvinculó de la edición y de la distribución de la obra, aunque cedió este ámbito público para su presentación, amparándose en la libertad de expresión, y que contó con la oposición de unas 500 personas, que protestaron a las puertas del acto.
Tras tener conocimiento de la publicación de una obra por parte de Miguel Barcala Candel, presentada como Homenaje a Miguel Hernández y con la colaboración del Ayuntamiento de Orihuela, "tanto la sociedad Centenario Miguel Hernández S.L. como los herederos de Miguel Hernández quieren hacer saber" que lo consideran una "utilización oportunista" del nombre del poeta, con la finalidad de "atraer la atención publica con clara intención de provocación", lo cual calificaron como "un hecho reprobable". En su opinión, "la libertad de expresión permite a cualquiera escribir lo que mejor considere y de la misma manera entendemos que la ley protege el honor y la memoria del poeta", de manera que exigieron al señor Miguel Barcala Candel que "elimine de su poemario toda referencia a Miguel Hernández o tilde su obra de homenaje", ya que la consideran "una ofensa al honor y la memoria del poeta".
En este sentido, la familia y sus representantes lamentaron "este uso oportunista" del poeta oriolano y rechazaron "la utilización del nombre de Miguel Hernández en aquellas iniciativas que no respetan el mensaje que el mismo poeta transmitió en sus escritos, poemas y a lo largo de su vida". Además, lamentaron igualmente "la cesión del Ayuntamiento de Orihuela de un local publico para la presentación de este poemario que en nada tiene que ver con la memoria de Miguel Hernández" y denunciaron "una vez más, al consistorio en acciones de dudosa, o ninguna, aportación al centenario".

Los dos cuentos de Miguel Hernández a su hijo. Por Jesucristo Riquelme.

Artículo de Jesucristo Riquelme, publicado por la Asociación Cultural Orihuela 2mil10.


NANA Y FÁBULA PARA UN INFANTE. Por Jesucristo Riquelme


No fue Miguel Hernández (1910-1942) escritor de muchos cuentos. Ni jamás quiso ajustar cuentas que no esgrimieran en principio las armas de la retórica y la dialéctica: «Tristes, tristes armas / si no son las palabras». Sólo después del intento de la influencia social de las artes literarias, del compromiso por la democracia y la justicia, y del denuedo por la instrucción educativa se llega a comprender el doble aserto del lema nacional chileno que con vehemencia había comentado Pablo Neruda a un joven e inexperto Miguel Hernández: «Por las armas de la razón o por la razón de las armas». En momentos de opresión y genocidio se justifica la lucha contra el déspota y el dictador. La toma de la fuerza contra la brutal fuerza de la represión antidemocrática e ilegítima de un tirano o de un régimen político tiránico fue arengada por la voz poética y dramática de Hernández; aunque la vida le proporcionó sobrados motivos, Hernández toma la justificación del tiranicidio de ejemplos que le resultan próximo y bien conocido: el ejemplo literario procede de la Fuenteovejuna de Lope de Vega, con la revuelta popular que mata al cacique, y que contaba con una fuente histórica (la crónica de Rades) que fue adaptada por Lope para añadir explícitamente su defensa de la monarquía; el ejemplo dialéctico le viene a Hernández de la tradición religiosa, cuyo máximo exponente es un jesuita, el padre Mariana (1536-1624): esta tradición justifica el tiranicidio, y era conocida por el joven oriolano, puesto que, no en balde, cursó casi dos años completos (1923-1925) en un centro regido por jesuitas, el colegio de Santo Domingo, en Orihuela. Juan de Mariana planteó la polémica de la justificación del tiranicidio en Del rey y de la institución real (1599) (1). En Orihuela, en la atmósfera de las revueltas republicanas, los amigos acomodados de Hernández trataban el asunto de las actitudes tiránicas y de las rebeliones populares, e incluso pasaban a formar parte de sus comentarios en revistas como El gallo crisis (2). La prédica de la justificación del tiranicidio (de la pluma de un jesuita) contrasta con el aserto de la resignación cristiana en palabras de Ramón Sijé: «Soportar al tirano es el sacrificio político del cristiano». Hernández, que no comulgaba con muchas de estas ruedas de molino, da un giro al lema sijeniano y pone en boca de los asalariados de la minería, de campesinos y ganaderos, en su drama Los hijos de la piedra (1935), un grito rebelde y revelador de muerte al tirano: «¡Muerte, muerte, muerte / abierta en la frente / de quien nos ha hecho / desear la muerte! / ... / Para quien nos manda / hambres, muretes, penas, / muertes y más muertes: / ¡Muera! ¡Muera! ¡Muera!» (0. C., 1599). Esta tradición alcanza su práctica ejemplar en las actuaciones de la Teología de la Liberación en Iberoamérica, tal como lo ilustra la vida comprometida –entre palabras y fusiles– del sacerdote Ernesto Cardenal (1925-) en Nicaragua: poeta, teólogo y soldado del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FMLN), con el que llegó a ser ministro de Cultura de su país, una vez derrocado el dictador Somoza. Miguel Hernández no fue ajeno a la vehemencia de las armas; así lo escuchamos en sus versos, en «Vientos del pueblo me llevan»:

«Cantando espero a la muerte, / que hay ruiseñores que cantan / encima de los fusiles / y en medio de las batallas» (O. C., 600), y, de modo más explícito, en «Canción de esposo soldado»: «Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: / aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, / y defiendo tu vientre de pobre que me espera, / y defiendo tu hijo» (O. C., 602). Un par de años antes, sobre 1935, antes del conflicto bélico, ya había declarado que la paciencia tiene un límite, el límite que abre la puerta a la reacción contra la violencia física o política; así vocifera el cierre de «Sonreídme»: «Habrá que ver la tierra estercolada / con las injustas sangres, / habrá que ver la media vuelta fiera de la hoz ajustándose a las nucas, / habrá que verlo todo noblemente impasibles, / habrá que hacerlo todo sufriendo un poco menos de lo que ahora sufrimos bajo el hambre, / que nos hace alargar las inocentes manos animales / hacia el robo y el crimen salvadores». (O. C., 521).



3 de enero de 2010

Miguel Hernández: poesía que brota de la herida. Por Jesucristo Riquelme.

Jesucristo Riquelme describe y habla del Cancionero y Romancero de Ausencias de Miguel Hernández en la web de la Asociación cultural Orihuela 2mil10.

 

MIGUEL HERNÁNDEZ: POESÍA QUE BROTA DE LA HERIDA

Por JESUCRISTO RIQUELME


En edición facsímil pronto podrá sostener entre sus manos un ejemplar del «Cuaderno de Cancionero y romancero de ausencias» (1) tal como lo pudo tener su propio autor. El poeta de Orihuela, con su colilla de lápiz, fue reescribiendo poemas, añadiendo algunas composiciones elaboradas ad hoc y corrigiendo poco a poco el fruto de su inspiración hasta someter lo espontáneo de su vis poética a lo consciente de una lírica premeditada (2). Pero lo más sorprendente es que se trata de poesía escrita entre las sórdidas paredes de una cárcel una vez impuesta la paz y declarada la victoria de la guerra civil española en 1939: poesía entre rejas. 

2 de enero de 2010

Canto y cuento de Navidad


El domingo 3 de enero, El Silbo Vulnerado ofrece su Canto y cuento de Navidad para niños en La Campana de los Perdidos a las 12:30h.

La navidades, indudablemente, de los niños... y los niños están en casa y hay que sacarles a ver esa decoración de la ciudad, esos belenes, todo lo que les cree esa ilusión que hace que la navidad merezca la pena al ver la expresividad de sus caras.
Luis Felipe es un actor y director de teatro qye, tradicionalmente, hace un par de sesiones infantiles en estas fechas... y como todo lo que hace El Silbo Vulnerado, su compañía teatral, tiene unn marcado carácter didáctico, pues Luis Felipe va introduciendo, y haciéndoles disfrutar a la vez, esas canciones de toda una vida, pequeños poemas asequibles a su edad y magia, mucha magia de la palabra ya que este actor es, sin lugar a dudas, uno de los grandes mestros de la oralidad.