10 de mayo de 2011

Helena Santolaya: historiaS

Tomamos del blog La Caja de los hilos este artículo de Helena Santolaya.
Helena es profesora de Arte y artista de géneros fronterizos; tuvo dos bares, Sopa de Letras y La Caja de los Hilos -especializados en servir un cóctel mezcla de modernidad, artes y letras- que fueron referentes en la vida local.
A quienes conozcan el funcionamiento de la cultísima taifa zaragozana no les sorprenderá esta historia.
Como señala la autora, no hay encono con el amigo ganador de la propuesta, ajeno al intríngulis de la cuestión.
Sopa de Letras, 1997. Montaje de Helena (libros-objeto y diapos) y Luis Felipe (recitando con megáfono) con poemas de L.Mª Panero (que fuma sentado). Foto Archivo ESV

UNA S CON HISTORIA


En marzo de 2010, recibí un e-mail de la Sociedad Municipal Zaragoza Cultural explicando que el Centro de Historia quería cambiar su nombre para adecuarlo a su actual realidad, que se alejaba de la de aquel primer espacio que se inauguró pretendiendo ser un museo de la historia de Zaragoza. Se pedía, por favor, ayuda para dar con el nombre “más afín a las funciones y proyectos que este espacio viene desarrollando en los últimos años”. Y, por favor, sugerí –respondiendo al correo tal y como se solicitaba- que se añadiese una “s” a la palabra Historia. Era una propuesta sencilla que sirvió para hinchar mi ego con el aplauso de los amigos y como pretexto para la diversión y la tertulia.
No sé quién recibiría mi correo, pero imagino que –fuese quien fuese- no dio valor a tan singular plural y, ante la necesidad de encontrar un nombre, se convocó –un año más tarde- un concurso de ideas del que no tuve noticia hasta leer, hace unos días, una entrevista que Joaquín Carbonell realizaba al ganador, Paco Rallo. Me quedé en un primer momento muy desconcertada al saber que el Centro de Historia se iba a convertir en Centro de Historias. Después me resigné a asumir mi karma.
Estoy convencida de que en alguna de mis anteriores reencarnaciones tuve problemas serios con algún funcionario de peso y eso, señores, se paga en las reencarnaciones posteriores. Porque no hablo de plagios –estoy segura de que, como yo, Paco Rallo se tropezó con la “s” en cualquier sssitio, en cualquier conversssación, o entre cualquier pensssamiento-, tampoco hablo de antipatía hacia mi persona por parte de ningún funcionario con o sin peso, no, ni siquiera hablo de tendencias políticas que hacen que lo que parece bueno en una legislatura sea despreciable en la siguiente. Hablo del karma. Y voy a poner un ejemplo.
Cuando hace algunos años Mariángeles Cuartero y yo, cansadas de pelear contra el silencio impuesto por orden municipal en el bar que en aquel momento era nuestro medio y nuestro modo de vida –quienes conocieron La caja de los hilos sabrán bien de qué hablo-, tras haber agotado las fórmulas poéticas de invadir la barra con cajitas de música o caracolas de mar, solicitamos del Ayuntamiento de Zaragoza permiso para colocar auriculares inalámbricos y poder, de ese modo, escuchar música y bailar en un bar silencioso. Se nos denegó. Tiempo después supimos que en Barcelona se abría un local con las mismas características. Naturalmente no era un plagio –es posible, incluso, que ya existieran otros antes de que a nosotras se nos ocurriera- simplemente quienes lo pensaron tuvieron la suerte de ser atendidos por un funcionario que se atrevió a poner el sello que no logramos nosotras.
Que una simple “s” puede cambiar la historia ya lo sabía Godard cuando dio al proyecto que lo tuvo entretenido durante diez años el nombre de Histoire(s) du Cinéma. Vaya, que las ideas flotan en el aire para quien quiera hacer uso de ellas, aunque a veces asustan. Por eso quiero felicitar a Paco Rallo. No sólo por su idea, sino por haber tenido la suerte de tropezarse con un jurado atrevido, capaz de reconocerla y de premiarla.
Y ahora voy a brindar con mis amigos, porque mi karma no sólo me produce disgustos en las ventanillas de los centros oficiales, también me da alegrías. Y es que, señores, debí ser bondadosa en anteriores reencarnaciones y ahora, de verdad, tengo muchos amigos que me ríen las gracias y eso no se paga ni con los 500 euros que ha costado la “s” que pudo –paradoja- haber salido gratis.

"Ese", de Enrique Flores, con que Helena Santolaya abre su artículo en el blog de La caja de los hilos. Como está acompañado por otras "eses", de Antonia Santolaya, se invita a ver el original.

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