13 de marzo de 2018

Más o Menos Juglares: 25 años ha

Este viernes tenemos noche nostálgica en Arbolé.


Conmemoramos que hace 25 años se hacía el programa Más o Menos Juglares y, dentro de él, las sesiones "especiales"donde reunimos a los cantores de romances de ciego. Todos (±) profesionales de la escena y la calle y todos (±) en activo. 


Buscábamos el eslabón y el puente de una tradición narrativa-musical-poética-teatral...Buscábamos a Homero.

De aquellos romanceros que estuvieron en la primera sesión (en la segunda se sumaron más) veremos  a los señalados en esta foto de 1994

En rojo, arriba: Javier Tárraga, Jaume Arnella; abajo: Salvador Lucio, Luisfelipe,  Iñaqui Juárez.
También conmemoramos los 10 años del nuevo Teatro Arbolé en el Parque del Agua. Pero ahora el recuerdo se centra en aquel viejo Arbolé del Actur. 

Al poco de abrir,  Iñaqui Juárez y los suyos comenzaron el experimento de hacer sesiones de café teatro, o café concert, a ver qué pasaba. El nivel era alto (los sicilianos Mancuso, el colombiano Jorge López, los argentino-extremeños de Sauco, Chicho...) y atraía a un público iniciado y curioso.

Entonces, tres colectivos de Zaragoza (Arbolé, El Silbo y Caracola) montamos MÁS O MENOS JUGLARES. No hubo dificultad en ponernos de acuerdo. Arbolé aportaba su personal especializado: Iñaqui Juárez, Pablo Girón, Carmen Sallén , creo que Roberto... y Pilar Juárez.

Otro colectivo era Cultural Caracola, que editaba libros y una revista de igual nombre y pareja belleza que aquella andaluza a la que homenajeaba: Caracola. Sus socios eran Carlos Grassa Toro, Fernando Lasheras y Esteban Villarrocha. Tras ellos las pedagogas Pilar y Carmen, la imprenta Sansueña...

El equipo que aportaba El Silbo contaba con Carmen Orte, Goyo Maestro, Jesús Lou, Pilar Trillo, Ana Abán, y yo, Luisfelipe.

Cómplices con los grupos, colaboraban asiduamente -que recuerde ahora-: Helena Santolaya, Jordi Pinar, Helena Millán, Eugenio Arnao, Adolfo Ayuso, Cristina Lartitegui, Ángel Vergara, Toche, Mario Gros, Concha... amén de familiares y amigos sin vinculación laboral con la casa.


La simbiosis funcionaba. 
El Silbo y Caracola ya habían colaborado en alguna tarea extraordinaria, como inaugurar la sección infantil de la Biblioteca de Aragón. 
Éramos devotos de Javier Villafañe.




Arbolé y El Silbo llevaban ya una década de relación intermitente. Relación que, en sus primeros tiempos tuvo que ver con el teatro de guerrilla. El cartel lo recuerda. Trabajábamos anónimamente y, al núcleo fijo (Goyo Maestro, Carmen Orte, Iñaqui Juárez, Luisfelipe, Domingo Castillo y Lorenzo) se sumaban artistas en ciernes (Azucena Gimeno, Carmen Sallén, Alicia Rubio). Del pasacalles inicial a la actuación escénica, se sucedían bailes, proyecciones, sombras, músicas...                                                                  Leíamos a Piscator.                                                                                Diez años más tarde nos metíamos juntos en otra locura: 







Las doce sesiones del primer año fueron duras. En la sala cabían menos de cien espectadores. Los organizadores pagábamos la entrada, intentando cuadrar cuentas, aunque con el bar se recuperaba bastante.
Tras las funciones hacíamos el trasnoche con los artistas presentes que quisieran salir al escenario. Bien; teníamos lo que nos gustaba, artistas y formato. Lo estábamos haciendo a nuestra medida. Y los artistas estaban cómodos en el escenario. Sentían, respiraban la ebullición emocional en aquella sala a presión. Después se sometían a la crítica del público, con frecuencia muy puntillosa.







No es que en Zaragoza no ocurriera nada y nosotros, investidos con la vara mágica de la programación ideal, fuéramos, lanza en ristre, a reparar el honor de los marginados por el staff. Qué va! Zaragoza seguía siendo una de las ciudades españolas más reconocidas por su -como hoy se dice- oferta cultural. Existía el Teatro del Mercado, creado la década anterior por iniciativa de La Ribera, que admitía otras teatralidades; por el Principal pasaban artistas de la talla de Marcel Marceau; La Garbosa recuperaba los bailes de salón en la Rotonda de Delicias, espacio predispuesto para músicas alternativas; En la Frontera, que era el programa vanguardista oficial, sobrevivía guadianescamente; los cinéfilos veían Fresa y chocolate, y tenían desde las salas X, hasta los ciclos  que el Instituto Francés daba en el Elíseos; en La Saganta se mostraba cierto espíritu juglaresco con los cantores brassenianos y milongueros, con el jazz también; había variopintos restaurantes con espectáculo, como el Naútico, el Garden, o la Hostería del Cardenal, en La Cartuja; a veces el escenario era un autobús lleno de futbolistas que mostraban una copa al público que aplaudía en las calles... 
Solo que nosotros preferíamos otra cosa (¿menos 
centralizada?).
                                                                 

La prensa nos trataba bien. Gordón y García Crespo estaban siempre atentos a llevar noticia del programa a sus redacciones respectivas. Y Plácido Serrano, en su radiofónico Café con Pólvora, entrevistaba a los artistas.

El segundo año nos echó un cable Ibercaja. Los organizadores ya no pagábamos la entrada. Traíamos artistas de América, de Francia, de Galicia... Hacíamos cosas raras, como montar una cadena de acciones por la ciudad para homenajear a Bartolomé Ferrando, o empapelar la sala para Esperanza Abad... Y se hablaba de Menéndez Pidal y de Martín de Riquer.



                                              


El tercer año, el Ayuntamiento aportaba la misma cantidad que Ibercaja. Varios artistas venían de lejos, para aprovechar el viaje podían actuar en algún pueblo. Javier Lambán era el diputado de Cultura en la DPZ y aceptó la colaboración. A los tres organizadores iniciales se sumó la Asociación de Gaiteros de Aragón, que ya colaboraba activamente en el trasnoche con sus chicotenes y gaitas que, aunque sonaban hasta el amanecer, nunca molestaron al vecindario, pues la sala estaba endiabladamente insonorizada; el propio Iñaqui se asombraba de ello.
                           
                                         
Goyo, Esteban, Llorenç Barber, Fátima Miranda, Iñaqui, Bartolomé Ferrando, Ana Abán, Mariano Anós, Luisfelipe

En la cuarta edición, la del 95, pretendimos trascender en dos ámbitos marginales del teatro. Por una parte, queríamos potenciar el arte, emergente en Aragón, del contador de cuentos; por otra, reunir a los epígonos del romancero de ciego. En ambos casos, sumados a los locales vinieron colegas de las dos Castillas, Madrid, Valencia, Cataluña, Andalucía, Galicia, Francia... Los elencos se presentaban también en el recién abierto Parque Delicias, o en el Monasterio de Veruela...
Decíamos:
"La variedad de la familia juglaresca es tan rica en la actualidad como lo fue, en su conjunto, en siglos anteriores. Hoy como ayer, vemos al hombre de comedido equipaje y mucho camino presentarse ante otros hombres para contarle las leyendas de su tierra (...) Hoy como ayer, hay juglares que intentan reconstruir los ambientes de "aquellos tiempos" en que se contaban "aquellas cosas", y juglares que están "a la última" y experimentan con fonéticas, sonidos y frecuencias (...) Podemos oír a rapsodas, trovadores, copleros y rondadores, decir los versos de hoy y de ayer (...) Cuando a un cantor, contador, declamador, tañedor de instrumento, jugador de manos, o exhibidor de otras habilidades se le denomina "juglar" es porque ha trascendido su oficio.
No hay gremio de juglares. Los que quizá lo son se encuentran camuflados en cofradías titiriteras, musicales, literarias... El espíritu juglaresco es una llama que calienta un poco hacia muchos rincones".








Esta fue la última edición de MÁS O MENOS JUGLARES. Con un presupuesto de 3 millones de pesetas seguíamos sin ninguna ganancia y con alguna pérdida, la furgoneta de Arbolé hacía viajes al centro para llevar a los trasnochadores, trabajábamos a destajo y nos desalentaban algunas dificultades e imprevistos.


Como cerrando un círculo, los de Caracola recuperaron para el cartel las figuritas que animaban el de la primera edición. Eran guerreros de un bronce chino de hace 2500 años. Lasheras los había transformado en juglares...
Creímos haber completado un ciclo.Habíamos muerto de éxito, pero ya sabíamos, más o menos,  lo que eran los juglares. 




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